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La alternativa municipalista

Lejos de quedarse en un modelo de gestión territorial, el municipalismo puede erigirse como un modelo de organización social que sirva para desarrollar las comunidades humanas en todos los ámbitos. No debemos olvidar que toda sociedad está formada por unos individuos que deben ver colmadas sus necesidades y resueltos sus problemas dentro de ella. Por ello, definimos las sociedades humanas como sistemas de organización formadas por y para cada uno de sus individuos, rechazando la autonomía o la diferenciación del todo frente a la parte.

¿Por qué el municipalismo es el sistema organizativo que mejor responde al desarrollo de las sociedades humanas? Porque es un modelo en el que la toma de decisiones, gestión de recursos, etc. no escapan al control de los individuos que componen dichas sociedades. Pero expliquemos esto más detalladamente:

En el modelo actual la gestión pública de la gran mayoría de los recursos públicos, así como la inmensa mayoría de la recaudación de impuestos, corresponden a entidades territoriales grandes, ya sean estatales o regionales. Los recursos privados están en manos de entidades transterritoriales, en muchas ocasiones multinacionales. Veamos lo que esto supone para los ciudadanos.

¿Qué suponen el estatalismo y/o el regionalismo de nuestras sociedades modernas?

-Gestión ineficaz para el ciudadano, por la distancia enorme entre el punto de gestión y decisión y el propio ciudadano

-Encarecimiento de los procesos de gestión, ya que los estados y las regiones son enormes maquinarias que necesitan de complejos sistemas de funcionamiento, caros y muchas veces ineficaces.

-Facilidad de proliferación dentro de su enorme maquinaria de tramas corruptas que se camuflan aprovechándose de la invisibilidad que les proporciona lo enormes, “abstractos” y difíciles de controlar y fiscalizar que son los organismos de estos entes territoriales por parte de los ciudadanos.

-Autoritarismo, monopolio de la violencia (violencia de estado), utilización masiva de medios de manipulación y control de masas

-Anulación del sentimiento de individualidad, masificación, conversión del ciudadano en un numerario del estado

-Creación de sistemas educativos globalizadores y enfocados a la correcta inmersión dentro del engranaje de la gran maquinaria estatal. Imposición de una moral heterónoma tendente a la conservación del modelo social, evitando el desarrollo de valores personales propios y el espíritu crítico.

-Ahogamiento y menosprecio de las comunidades humanas naturales, aquellas donde el individuo se desarrolla en su día a día y que forjan sus valores y relaciones desde la infancia (municipio, barrio, pedanía…)

-Fomento de la identificación del individuo con nacionalismos simbolistas (ya sean estatales o regionales), muy alejados del amor y dedicación a la tierra propia y poco defensores de la conservación de las tradiciones y el patrimonio cultural, monumentístico, folklórico y natural de cada comunidad humana. Ejemplos de esto son el llamado “patriotismo institucional” o la reivindicación del nacionalismo simbolista por colectivos que destruyen el medio natural autóctono con fines mercantilistas, ahogan al pequeño comercio tradicional frente a las filiales de las franquicias multinacionales, restan soberanía a sus unidades territoriales frente a organismos controladores internacionales (Unión Europea, por ejemplo), defienden lenguas vehiculares extranjeras frente a la riqueza y diversidad de las pequeñas lenguas propias, deterioran el patrimonio monumental para fomentar construcciones más rentables, etc.

-Fomento de la identificación del individuo con grupos transversales y multinacionales, que les dictan unas pautas de vida concretas y que aniquilan su individualidad (fenómeno de las tribus urbanas, por ejemplo)

-Creación de unas líneas de opinión masivas, tanto oficialistas como contestatarias, contrarias al desarrollo de la opinión propia y el espíritu crítico.

Todas estas características se han vuelto especialmente graves en las sociedades occidentales modernas, en las que las grandes corporaciones privadas han formado una simbiosis con las entidades estatales y regionales, hasta tal punto que son las primeras las que condicionan el funcionamiento de las segundas.

¿Qué supone para los ciudadanos que la mayor parte de los recursos estén en manos de grandes corporaciones privadas, muchas veces multinacionales?

-Pérdida drástica de soberanía económica de las comunidades humanas y de sus individuos, al dejar de disponer de unos recursos que les deberían ser propios.

-Pérdida de soberanía en todos los ámbitos de los ciudadanos, al pasar a depender su sustento y el de sus familias de las estrategias y condiciones de la gran empresa privada, propietaria y gestora de los medios de producción y las materias primas.

-Competencia desleal y desproporcionada para el pequeño empresario, auténtico vertebrador económico de las sociedades.

-En el caso de las entidades financieras, control del crédito del que disponen para sus proyectos ciudadanos y pequeños empresarios, fijando condiciones que les permitan controlar el desarrollo de los proyectos vitales de sus clientes. Pérdida de libertad y soberanía a la hora de encarar proyectos.

-Falta de empoderamiento de los ciudadanos y de las comunidades en las que se hayan insertos.

-Creación de modelos de negocio limitados y globalizados, aniquilación de modelos de negocio autóctonos.

– Creación de modelos de consumo globalizadores, que fomentan la uniformidad y la mezquindad cultural y que destruyen el tejido social y comercial tradicional de las comunidades.

Frente al panorama que se muestra en un modelo social dominado por estos dos enormes monstruos, nuestro municipalismo ofrece:

-Gestión eficaz para el ciudadano, por ser el municipio, barrio, pedanía, etc. el punto de gestión de sus asuntos.

-Participación del ciudadano en la toma de decisiones de todos los asuntos que le atañen y afectan.

-Erradicación de entidades gestoras ajenas al ciudadano y su comunidad, al convertirse la gestión en autogestión, impidiendo con ello la proliferación de tramas corruptas y los abusos de las administraciones.

-Simplificación y abaratamiento de los procesos de gestión.

-Erradicación de los abusos de autoridad por parte del aparato de los estados o regiones.

-Mayor justicia y eficacia a la hora de recaudar impuestos, reducción de los mismos por la simplificación de los procesos, correspondencia más justa entre el objetivo de la recaudación  y su aplicación final, erradicación casi total del fraude fiscal por la simplicidad y transparencia de los procesos.

-Revalorización personal del ciudadano, al sentirse parte activa de la comunidad y entrar a formar parte de la toma de decisiones y de la gestión comunitaria.

-Meritocracia, liderazgo natural en cada ámbito de la sociedad.

-Democracia radical, directa y necesaria para casi todas las decisiones, facilitándose la posibilidad de debate en el seno de las comunidades y no limitándose simplemente a emitir un voto. Posibilidad de consensos más amplios gracias al debate y el intercambio de ideas, acabando así en la medida de lo posible con la “dictadura de la mayoría”.

-Cambio en los modelos educativos, sistemas educativos que fomenten el desarrollo de valores y capacidades autónomas en los niños, así como su creatividad, imaginación y espiritualidad.

-Erradicación del desarraigo propio de nuestras sociedades, erradicación del nacionalismo de símbolos y desarrollo de un patriotismo “chico” y “grande” basado en el amor y respeto por la tierra de cada uno y en el orgullo bien entendido.

-Fomento de la identificación del individuo con su propia comunidad y desarrollo pleno de la individualidad de cada ciudadano.

-Atomización de los centros de información y foros de opinión, que servirá para enriquecer la diversidad de criterios en la información que llega al ciudadano.

-Recuperación de la soberanía económica de las comunidades humanas y de sus individuos, al empezar a disponer de unos recursos que siempre les debieron ser propios.

-Recuperación de soberanía en todos los ámbitos de los ciudadanos, al dejar de depender su sustento y el de sus familias de las estrategias y condiciones de la gran empresa privada, que dejaría de ser propietaria y gestora casi exclusiva de los medios de producción y las materias primas.

-Fomento total y absoluto de la pequeña y mediana empresa como vertebradora de los modelos económicos.

-Fomento de las sociedades de crédito comunitarias, a fin de hacer fluir un crédito justo que dinamice la actividad económica sin poner la soga en el cuello del solicitante y, que a su vez, repercutan en el crecimiento económico de la comunidad con el hipotético aumento de su caudal económico.

-Fomento de talleres de empleo formativos con una doble intención: desarrollar la autogestión comunitaria lo máximo posible y formar trabajadores de calidad y competentes.

-Convenios laborales negociados directamente entre empresarios y trabajadores a nivel comunitario, con la participación en el proceso de toda la comunidad a fin de garantizar la equidad y la igualdad de fuerzas entre las partes negociantes. Este proceso también salvaguardará los intereses económicos y sociales de la comunidad.

-Fomento del cooperativismo para los proyectos grandes y transterritoriales, facilitándose también el cooperativismo a pequeña escala.

-Empoderamiento de los ciudadanos y de las comunidades en las que se hayan insertos.

-Facilidad de desarrollo de modelos de negocio autóctonos y variados, fin de los modelos de negocio globalizados y empobrecedores.

-Fin de los modelos de consumo globalizadores, que fomentan la uniformidad y la mezquindad cultural y que destruyen el tejido social y comercial tradicional de las comunidades.

-Protección del entorno y respeto por el medio ambiente.

-Protección del patrimonio histórico-artístico, cultural, lingüístico, folklórico, etc.

Todo esto es sólo un esbozo de lo que supone enfrentar el municipalismo con el modelo actual, pero sirve como punto de partida a la hora de plantearse qué modelo queremos para nosotros y los nuestros.

 

HÉCTOR PUERTAS CASTRO, Coordinador General de CMP